viernes, 24 de septiembre de 2010

Evaluación crítica del modelo de propaganda (MP) de Herman y Chomsky

El MP apareció en el libro Manufacturing Consent. The Political Economy of the Mass Media (1988) (traducido al castellano como Los Guardianes de la libertad: Propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación masivos, en 1990) de Edward S. Herman y Noam Chomsky.
La acogida que recibió el MP tras su presentación fue en términos generales negativa porque este tiene una perspectiva anti-élite y no resulta apto para pasar los filtros que él mismo describe. Tiende a ser marginado institucionalmente. En  2007 Herman afirmó que “El MP es más fuerte ahora que hace veinte años, cuando publicamos "Manufacturing Consent". Cada uno de los filtros ha cambiado, haciéndolos más poderosos”.

Filtro 1: La propiedad

En estos 20 años la industria de los medios de comunicación se ha concentrado dramáticamente debido a la lógica del mercado y al entorno de desregulación favorable que se ha promovido desde el poder político. Según ha documentado Ben Bagdikian, de 50 grandes corporaciones dominantes en el mercado de medios estadounidense en 1984 se pasó a 5 en 2004. A estos Cinco grandes cabe añadir otro grupo de alrededor de 100 empresas de segundo nivel que operan también a nivel internacional, y que en conjunto se reparten la mayor parte de los medios de comunicación del mundo. Esta tendencia difícilmente se subvertirá a no ser que haya una improbable regulación política anti-concentración, puesto que las barreras de entrada económicas para poder poseer un medio de comunicación serán cada vez más elevadas. La famosa frase de A.J. Liebling de que la libertad de prensa está garantizada solamente para aquellos que la poseen, ha cobrado una mayor relevancia puesto que solamente un grupo muy reducido de mega-ricos puede ser propietario.

La concentración y la conglomeración han favorecido que bajo el amparo de las políticas neoliberales se haya producido una mayor financiarización del sector de la comunicación mediante la penetración del capital bancario y financiero, con el consiguiente aumento de la presencia de directivos del sector financiero en los consejos de administración y en la propiedad de los medios. Por la necesidad de eficiencia corporativa, de desarrollar modelos de autofinanciación, de expansión y de establecer alianzas estratégicas, se han intensificado los intereses de los grupos de comunicación con el sector financiero, que ha pasado a ser un objeto informativo primario, socio industrial, cliente, anunciante y prestamista. La tendencia hacia la financiarización es más acusada cuando mayor es el grupo, pero se trata de una realidad generalizada que se produce incluso en países que no ocupan un lugar de cabecera en el sistema mundial como es España.

Además de la penetración del capital bancario, la mayoría de medios pertenecen a conglomerados que participan en otros sectores, a menudo tan controvertidos como el armamentístico, el nuclear, el petrolífero o el inmobiliario. Estos comparten intereses directos, por ejemplo, mediante consejos de administración interconectados, alianzas estratégicas, joint ventures o acuerdos de merchandising e indirectos, por ejemplo, por la necesidad de que los bancos de inversión que financian parte de sus operaciones y Wall Street tengan una marcha positiva, o por la situación de connivencia tácita derivada de la dependencia de los grupos de comunicación de las subvenciones, concesiones y políticas de desregulación de los gobiernos. Además hay que añadir el habitual fenómeno en EEUU de las “puertas giratorias”, en el que miembros de un poder hegemónico pasa a participar activamente en otro de los poderes. En otros países, como España, el fenómeno no es tan común, pero debido a que se trata de una élite de carácter internacional que no tiene fronteras, encontramos a ex-presidentes de gobierno como José María Aznar trabajando como asesores de News Corporation de Rupert Murdoch.

David Cromwell ha escrito en 2002: “¿Qué tan probable es que los propietarios de tales medios permitan a su propio periódico, radio o televisión que critiquen sistemáticamente el "capitalismo de libre mercado" que es la fuente de su riqueza material?”  Veamos el caso Enron como ejemplo. La información en los medios estadounidenses, a pesar de ser abundante, fue poco completa y omitió los factores estructurales e institucionales que condujeron al escándalo, porque algunos medios, como The New York Times o Viacom, tenían importantes relaciones empresariales con Enron, la cual a su vez estaba muy ligada al gobierno republicano y también a los demócratas.

Tras su adquisición de Tribune Company, el magnate Samuel Zell resumía la visión empresarial predominante al decirle a sus nuevos periodistas que él no tenía un programa editorial o un punto de vista sobre el papel de los diarios como instituciones cívicas. “Soy hombre de negocios. Todo lo que importa al final es el resultado". En periodos de crisis económica generalizada y de crisis en la prensa, la tendencia es a reducir gastos y riesgos por lo que cabe esperar una mayor supresión de los contenidos que no proporcionan un beneficio elevado a corto plazo, una mayor búsqueda de los que no resulten polémicos para los anunciantes, y, en menor medida, al público objetivo, y la disminución de información de interés para sectores de la población que no pertenecen al target.

Algunas de las consecuencias de la concentración de medios privados interconectados con el poder político y el poder económico, y de la necesidad de aumentar el beneficio ya observables, pero que seguramente se intensificarán en el futuro, son la reducción de corresponsales en el extranjero, la disminución del capital destinado al periodismo de investigación, el “desempoderamiento” de los periodistas, la aparición de los periodistas multiusos, etc., y ha ayudado a que la producción del enorme y organizado aparato de relaciones públicas de las corporaciones y de propaganda de los gobiernos se hayan convertido en unas de las fuentes de información más importantes para los medios.

 La connivencia entre el poder mediático, económico y político también permite entender otros aspectos de la producción de información. Así, en muchas ocasiones se observa que contenidos o programas de éxito comercial han sido víctimas de la presión corporativa y política, como el caso del documental ganador de un Oscar Taxi to the Dark Side de Alex Gibney que no fue emitido por Discovery Channel como estaba previsto porque “el contenido polémico de la película podría perjudicar la oferta pública del canal”; o la cancelación del exitoso programa español Caiga quien Caiga, muy crítico con el gobierno de Aznar, a finales de 2002 tras la ampliación de capital de Silvio Berlusconi; o de la dificultad para los programas de radio progresistas en EEUU de mantenerse en el aire a pesar de sus elevados índices de audiencia.

Este primer filtro es el más relevante y los demás filtros se desprenden de una manera u otra de éste, por lo que deben analizarse individualmente, pero también en el contexto de este primer filtro.

Filtro 2: La dependencia de la publicidad

Este segundo filtro está estrechamente relacionado con el primero, pues el sustento económico principal de la mayor parte de los soportes mediáticos está en el pago de publicidad por parte de los anunciantes. El trabajo de Ben H. Bagdikian (1997; 2004), ha sido de gran importancia documentando la larga historia de la influencia de las corporaciones anunciantes y de casos en los que han retirado la publicidad cuando los contenidos eran demasiado “controvertidos”.

En el actual proceso de globalización capitalista, la concentración del sector mediático se ha producido paralelamente al aumento del capital invertido en publicidad, a la disminución del número de firmas anunciantes y a la consolidación de menos de 10 grandes agencias de publicidad dominantes. Según McChesney de The Economist, tres cuartos de la inversión global en publicidad van a parar a unas 20 compañías de medios. Se ha producido pues, un fuerte proceso de concentración de capital y de poder que favorece una mayor influencia de las corporaciones que financian a los medios. La relación de dependencia recíproca no ha hecho más que estrecharse ya que la viabilidad de las empresas de comunicación depende cada vez más de la viabilidad de las más grandes corporaciones del paneta, por lo que se hace cada vez más difícil informar sobre cuestiones que van en contra de los intereses de élite que éstas representan. Tanto los conglomerados mediáticos como las corporaciones de otros sectores han sido los actores principales y los grandes beneficiados del proceso de globalización capitalista, por lo que la tendencia a favorecer las políticas (comerciales y de otros tipos), valores e ideología propios de la globalización ha sido constante, a pesar de sus consecuencias globales negativas.

Filtro 3: El suministro de noticias a los medios de comunicación

Tanto por ahorrar costos como por la estrecha relación de los medios con los sectores político y corporativo, en el nombrado contexto de urgencia informativa y presión en los plazos, las redacciones periodísticas padecen una intrínseca dependencia informativa en las fuentes oficiales. Estas fuentes oficiales que pertenecen a instituciones de élite cuentan con sistemas de producción de información interesada muy desarrollados y son cuestionadas muy raramente, sobre todo porque los medios dependen de éstas para sus contenidos y función empresarial, les conceden autoridad y legitimidad, y deben presentar la información objetivamente. Por el contrario, las fuentes que provienen de sectores marginales reciben poca cobertura y son tratadas con escepticismo, por lo que las élites constituyen el principal grupo que establece la agenda de temas a tratar y el tono.

Con el aumento de fenómenos como la concentración y comercialización mediática (con los efectos antes descritos), de organización, capacidad y capital destinado por parte de los gobiernos y las corporaciones para proveer material informativo, y el desarrollo de los Think tanks, lobbies y organizaciones e instituciones empresariales, no hay duda de que la relevancia de este tercer filtro también ha aumentado.

Un estudio reciente de 2008 de la Universidad de encontró que  “El "60% de los artículos de prensa y 34% de las noticias vienen de difusión total o principalmente de una “fuente preempaquetada”. El estudio también muestra una consecuencia importante de la constricciones que se han producido por el fortalecimiento de los imperativos corporativos y que afecta a la dependencia en esas fuentes: “mientras que el número de periodistas en la prensa nacional se ha mantenido relativamente estable, ahora produce tres veces más que hace veinte años”

Sin necesidad de recurrir a costosas campañas de influencia, el sector corporativo tiene acceso regular a los medios para expresarse. Por ejemplo, un estudio de Media Tenor Ltd. encontró que es 35 veces más probable escuchar en la televisión estadounidense a representantes de las corporaciones que a representantes obreros.

En el ámbito político, el interés en el control de los medios en el contexto de guerra queda muy claro en el documento desclasificado del Departamento de Defensa estadounidense “Information Operations Roadmap” (2003),  que afirma que “La importancia de dominar el espectro de información explica el objetivo de transformar a “Operaciones de información” en una competencia militar central a la par con aire, tierra, mar y operaciones especiales”.

En el caso de la guerra en Irak, una de las razones principales del seguimiento de los medios estadounidenses respecto al gobierno republicano fue precisamente su dependencia acrítica en unas fuentes oficiales que participaban en una campaña de desinformación y de marginación de las voces anti-bélicas. El caso de los periodistas incrustados, ha sido posiblemente uno de los más paradigmáticos: Al inicio de la guerra en marzo de 2003 había un total de 775 periodistas de este tipo en Irak que se dedicaban a transmitir la versión de los militares. También el caso de Judith Miller cuya información falsa que publicó en The New York Times proveniente de Ahmed Chalabi (lider del grupo Iraqi National Congress (INC), apoyado y dirigido por el gobierno y el pentágono estadounidense para promover el cambio de régimen de Irak), fue utilizada como argumento por parte del gobierno de Bush para invadir Irak. Según un estudio realizado por FAIR en octubre de 2003, los antiguos o actuales oficiales del gobierno y del ejército constituían el 76% de las 319 fuentes de las noticias sobre Irak. El recurso a este tipo de fuentes, que raramente son cuestionadas,  ha supuesto la transmisión de facto de la propaganda pro-bélica. Según ha documentado el Center for Public Integrity (2008), el presidente Bush y otros siete altos oficiales de su Administración realizaron 935 comentarios falsos que formaban parte de una campaña de desinformación bien orquestada sobre la amenaza que suponía Irak.

Como es sabido, el profesionalismo periodístico surge cuando, a mediados del siglo XIX se pasa de una prensa partidista y política a una prensa comercial cada vez más concentrada en manos de propietarios muy ricos, para no aparentar que servía a los intereses de clase de los dueños. Debido a la influencia descrita en los dos primeros filtros del MP, el mantra periodístico desde entonces ha sido el de la objetividad y el de la independencia de los periodistas.

El criterio de objetividad también lleva a los periodistas a presentar las dos caras de un asunto, es decir lo que dicen los distintos segmentos de la élite implicados. Como se decía, el primer problema surge por la escasez de representación de las fuentes alternativas, pero además, puesto que el código obliga a los periodistas a esconder sus valores y opiniones, los medios se dedican simplemente a presentar estos puntos de vista y no a evaluarlos o explicar las implicaciones de cada uno, ni a comprobar quién dice la verdad y quién está mintiendo. En casos en los que las élites están unidas, la visión de éstas acaba por imponerse por la ausencia de evaluación crítica y de fuentes alternativas.

Por último, cumplir estrictamente el criterio de objetividad es imposible. Más bien, los valores e ideología de los periodistas y editores tienen que afectar necesariamente a la selección y elaboración de las noticias. Éstos tienden a compartir los valores corporativos y de marca de su compañía, así como otros valores complacientes con las visiones de la élite que han interiorizado al tener que trabajar bajo los constreñimientos de los filtros. Aunque no es mecánico y hay excepciones, el marco de valores y prioridades de los periodistas lleva, en términos generales, a transmitir el abanico de opiniones de las élites y a no cuestionarlas. Pero estos valores están más relacionados con los requisitos de trabajar en un gran medio de comunicación corporativo y en el proceso de socialización que se produce para poder progresar en él.

Filtro 4: El Flak o las contramedidas para disciplinar a los medios (los reforzadores de opinión)

Los mecanismos mediante los cuales disciplinar a los medios que utilizan estos actores “pueden adoptar la forma de cartas, telegramas, llamadas telefónicas, instancias, pleitos, discursos e interpelaciones al congreso, y otros mecanismos de queja, amenaza y acción punitiva”. Estas contramedidas tienen un doble efecto: En primer lugar, actúan como un elemento de amenaza previa a la publicación de artículos. Si un periodista o editor está pensando en publicar información que puede ser recibida negativamente por las élites, resulta lógico no continuar con ello para no tener que enfrentarse a un sistema organizado y poderoso de contramedidas. En segundo lugar, si la información sale a la luz, su veracidad y credibilidad será atacada con lo que el efecto de estas noticias incómodas en la sociedad puede ser neutralizada. En términos más generales, la consecuencia de estas presiones por parte de entes poderosos ha sido la derechización de los medios que temen ser acusados de antipatriotas o de izquierdistas.

El contexto de patriotismo exagerado y de guerra contra el terror promovido tras los atentados terroristas del 11-S, junto a las ideas ya establecidas del fin de la historia y de las guerras humanitarias han creado un ambiente propenso para seguir la línea oficial y unas mayores posibilidades de sancionar de una manera falaz y maniquea, pero efectiva, las opiniones que se desvíen del discurso predominante o las que lo cuestionen. Esto ha sido un factor muy importante en la cobertura de las guerras de Afganistán e Irak. Por ejemplo,  el ahora ex-presidente  y Jefe ejecutivo de CNN, Walter Isaacson, reconoció tras varias preguntas de Bill Moyers que cuando presentaban la muerte de civiles afganos, el gobierno y "gente importante de las corporaciones llamaban y  decían: 'Estás siendo anti-estadounidense” Isaacson explica que tras el 11-S se creó "casi una policía del patriotismo" que les influyó para que no cuestionasen la línea oficial del gobierno. De hecho, esto llevó a Isaacson a enviar a sus empleados un memorándum que decía que “Parece poco razonable que se centren demasiado en las bajas o dificultades en Afganistán” y ordenó equilibrar las imágenes de daño civil con imágenes del 11-S.

Incluso cuando la audiencia y los beneficios son elevados, en muchas ocasiones la importancia política prepondera. El caso de Phil Donahue en MSNBC  (canal de cable perteneciente a Microsoft y a NBC) ejemplifica perfectamente esta situación. “Phil Donahue era su estrella antes de la guerra, pero tuvo una posición antibélica radical, y por eso fue acusado de no ser suficientemente patriótico. Poco después fue despedido, a pesar de que su rating era el más alto del canal. Un memorándum filtrado por NBC explicaba en términos ideológicos los problemas con el programa de Donahue: “presentaba una dificultosa faceta pública para NBC en tiempo de guerra. Él parece deleitarse con la presentación de invitados antibélicos, anti-Bush y escépticos de los motivos de ese gobierno.

Los propios grupos de comunicación tambien han hecho uso de su mayor poder para silenciar a los elementos disidentes y promover una cultura mediática pro-establishment, acompañada de argumentos sobre la independencia y buen hacer periodístico. En primer lugar, es de destacar la importante campaña conservadora general contra los medios liberales, que ha fomentado la derechización del espectro informativo y el temor a no seguir la línea oficial por temor a las acusaciones de anti-patriotismo, anti-americanismo o izquierdismo.

Otra tendencia similar en la industria de medios es la desacreditación de los periodistas del sector que se oponen a las políticas de las élites. El caso de John Pilger, es notorio ya que incluso se ha creado el verbo “to pilger” o "pilgerize" para referirse a una manera sensacionalista, distorsionada y propagandística de izquierdas de presentar la información. Según Chomsky, el término fue inventado por los periodistas furiosos por sus incisivos y valientes reportajes y sabiendo que la única respuesta de la que son capaces es el ridículo. También el de Naomi Klein, autora de los best sellers “No Logo: El poder de las marcas” y “La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre”, quien ha sido duramente criticada, entre otros, por The Economist y The New Republic con el objeto de desacreditar sus libros de denuncia.

Con el advenimiento de Internet han surgido nuevas dimensiones del Flak.  Como señaló Herman en la Universidad de Windsor (Mullen, 2007), se ha producido una creciente influenica de bloggers de derecha como agentes de Flak. Además, muchos periodistas han optado por expresarse a través de sus blogs u otros sitios de Internet, algo que no suele ser del agrado de los directivos de los medios, como muestra el hecho de que el periodista y productor de CNN Chez Pazienza fue despedido por el hecho de tener un blog.

El ambiente ideológico general y la fortaleza de las instituciones de élite para defenderse hacen constatable una línea general de intimidación directa e indirecta de los grandes poderes cada vez más contundente y diversificada por tratar de marginar las opiniones que atentan contra sus intereses.

Filtro 5: El Anti-comunismo como mecanismo de control (hoy, Convergencia en la Ideología Dominante)

Como escribió McChesney  en 1989: “El filtro final es la ideología del anticomunismo, que es parte integral de la cultura política occidental y proporciona el oxígeno ideológico que hace que el modelo de propaganda funcione tan vigorosamente”.

Hoy día, gracias a la desintegración de la URSS, la pobreza económica de Cuba y el híbrido comunismo-capitalismo de China, el comunismo está siendo caracterizado por la derecha y por los idiotas útiles como un fracaso. Como algo que pasó a la historia porque está comprobada su ineficacia. En consecuencia quien es acusado de izquierdista, comunista o socialista es ridiculizado por anacrónico y por adherente a un fracaso.

Además este filtro sigue teniendo cierta relevancia, tanto por el auge del llamado Socialismo del Siglo XXI, como por utilizarse como recurso para desacreditar a las voces discordantes y a todo aquello que simplemente se desvía de la visión de Washington.

Creo que hoy es más apropiado hablar de Convergencia en la Ideología Dominante. Como se ha visto en el análisis de estas páginas, la ideología dominante cumple un papel importante en cada uno de los filtros anteriores, naturalizando y promoviendo un tipo de información coherente con los intereses de las élites. La ideología dominante es siempre flexible ya que las élites la van transformando en función de sus intereses. Por eso, es mejor utilizar una categoría amplia en la que quepan las variaciones ideológicas que se producen en el discurso intelectual, académico y político dominante.

La ideología dominante está instaurada en el seno del periodismo, lo que proporciona una base moral, ideológica, normativa y de actuación que hace que la propaganda a favor de “nuestro bando” (definido por las élites) parezca legítima y necesaria. Permite así, presentar una versión de la realidad maniquea y dicotomizada entre buenos y malos, en la que se utiliza una distinta vara de medir la conducta de cada uno. La Guerra contra el Terrorismo o el Anti-terrorismo constituye uno de los elementos de la ideología dominante más relevantes hoy, ya que permite esa división del mundo muy entroncada en la idea de Choque de Civilizaciones y de la superioridad moral de Occidente para intervenir en otros países en pos del bienestar de la población mundial. En términos generales, el concepto de terrorismo es terreno muy amplio en el que se puede insertar a la mayoría de países enemigos y movimientos sociales contestatarios y que, presentándose como una amenaza global permite recurrir al miedo para movilizar a la población en torno a unos objetivos aparentemente legítimos.

La influencia de esta convergencia ideológica en torno a la lucha contra el terrorismo ha sido notable en la cobertura de la guerra contra Irak. Gracias a los dobles estándares para medir las acciones de los otros y de las nuestras, ni un solo editorial de The New York Times durante la invasión-ocupación de Irak mencionó el derecho internacional o la Carta de Naciones Unidas. Como describe el Modelo de Propaganda, el derecho internacional es aplicable para los casos de crímenes cometidos por los enemigos, pero tiende a ser omitido para los nuestros.

Aplicabilidad a otros países del centro con democracias liberales

En este artículo me he referido en particular a los medios de EEUU, España y Reino Unido, con los que estoy más familiarizado, pero el MP ha sido probado empíricamente con éxito además de en estos países, al menos, en Canadá, Australia, Francia, Holanda y distintas partes de América Latina.

En EEUU, como centro hegemónico del sistema mundial en el que el capitalismo y los mecanismos de poder están más desarrollados, la influencia de estos filtros es mayor, pero en otros países también se produce.

Sin lugar a duda, el desarrollo y la fuerza de estos filtros es menor en lugares como Europa, pero su efecto también es visible en los contenidos informativos. En general, hay una mayor diversidad en los países con una tradición socialdemócrata que en EEUU, pero tras la ofensiva ideológica global a favor del libre mercado y de la concentración y conglomeración de los medios, en muchos países se ha asentado un importante sesgo liberal (en el sentido europeo, no de progresista) en los medios de comunicación. En España, el pensamiento liberal abarca incluso a los medios de tradición socialdemócrata como El País.

Hay que tener en cuenta además, que en la mayor parte de conflictos y políticas globales el principal actor es EEUU. Los medios de otros países pueden ser más abiertos tratando este tipo de información o criticando al gobierno. Sin embargo, cuando los intereses en juego son realmente importantes para la élite nacional e internacional, la operación de los filtros es mayor por lo que la diversidad también se contrae.

El MP e Internet

Las características de Internet permiten pensar un modelo de medios muy distinto al que existe en la radio, los periódicos o la televisión. De hecho, Internet es la plataforma donde los medios de comunicación no corporativos con perspectivas críticas y de cambio social han podido desarrollarse y crecer.  Por lo tanto, como ha dicho Herman “el surgimiento de Internet desafía potencialmente el modelo”. Pero aunque Internet permita una gran libertad, hay que tratarlo como un medio por el que hay que luchar en un contexto en el que el poder político y el poder económico quieren hacerse con su control y lo utilizan como una herramienta muy beneficiosa para sus intereses. En esta batalla se dirimirá si en el futuro Internet será un medio libre y ciudadano o un medio controlado por el poder.

Por otro lado la aparición de Internet no ha supuesto apenas cambios en el tipo de información que presentan los medios de comunicación masivos,  por lo que el MP sigue siendo perfectamente válido para explicar su producción digital.

Otros elementos a considerar en el modelo
El rol de los periodistas

Herman y Chomsky, conceden que “la humanidad y la integridad profesional de los periodistas” es un factor que “entra en conflicto” con la función de los medios asignada por el MP.  La labor periodística de los profesionales y los micro-procesos que se producen en las redacciones informativas son variables que también tamizan la materia prima que se convertirá en noticia. Sin embargo hay que entender el papel de los periodistas en un marco más amplio, relativamente fijo y consistente que limita, sanciona, gratifica y promueve determinadas conductas. Los periodistas se encuentran en una situación de “pérdida de poder”, precisamente, por los imperativos corporativos y comerciales de la industria. Existe cierta autonomía periodística y algunos periodistas incluso se atreven a desafiar los dictados de los filtros, pero la realidad es que la estructura organizativa y corporativa predominante hace que los periodistas operen bajo unas constricciones muy severas que no permite que los medios de comunicación puedan ser libres y ajenos a los intereses de las élites. Los periodistas mayoritariamente tienden a adoptar unos valores que les permitan continuar y progresar en su oficio.

Esto se corrobora analizando los medios de comunicación no corporativos, cuyos contenidos, escritos por periodistas profesionales o no profesionales, son muy distintos a los medios masivos  porque no están sometidos a los mismos constreñimientos.

La audiencia

No hay que sobreestimar la influencia de la audiencia en la producción del contenido. Los medios tienen que ofrecer un producto que agrade, pero dentro de unos parámetros determinados por la dificultad de enfrentarse al poder, por la búsqueda de la complacencia de los anunciantes, por el capital disponible, por la dependencia en las fuentes oficiales, etc. Es decir, que los medios elaboran unos productos que están sometido al sistema de filtrado que describe el MP, siendo uno de los elementos a considerar el hecho de que la audiencia tiene que mantenerse o ampliarse. Pero el efecto global de todos los filtros impone limitaciones a lo que se puede y no se puede ofrecer más allá de lo que tenga interés para la audiencia. Mientras que las élites tienen capacidad para influir en los medios, la audiencia no tiene unos mecanismos tan adecuados y eficaces mediante los que realizar peticiones o exigencias. De hecho, no es poco habitual que soportes o programas con elevadas audiencias fracasen, ni que comentaristas con un número amplio de lectores por todo el mundo, como los propios Herman y Chomsky, sean regularmente excluidos de los medios.

Lo que marca estas limitaciones en la importancia de la audiencia es que la balanza de poder está muy decantada hacia el lado de la élite. Como ha mostrado Chomsky insistentemente, en la mayoría de los grandes asuntos hay una clara diferencia entre la opinión de la élite y la opinión de los ciudadanos, con los medios de comunicación claramente del lado de los primeros. Según ha escrito Herbert Gans basándose en varios estudios, la audiencia está insatisfecha con los contenidos noticiosos por “Inexactitud, insuficiente atención a las preocupaciones de la audiencia, o parcialidad hacia uno u otro grupo político o estrato socioeconómico”. Añade que “si las encuestas tienen razón, los ciudadanos sienten que los medios de comunicación no los consideran a ellos como tampoco lo hace el gobierno”. A pesar de esto, la conducta de los medios sigue siendo la misma y los periodistas pueden hacer poco por cambiarlo porque se encuentran en una situación de debilitamiento derivada de la presión comercial y corporativa.

Autor: Lic. Joan Pedro (2009): "Evaluación crítica del Modelo de Propaganda de Herman y Chomsky". RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 64, páginas 210 a 227. La Laguna (Tenerife): Universidad de La Laguna, recuperado el 20 de Setiembre de 2010, de  http://www.ull.es.
Resumen: Juan Benedetti.

 


Publicado por yombilait @ 17:55
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